El equilibrio
emocional es un factor muy importante para el éxito escolar de los niños y
su progreso hacia la excelencia. Actualmente se afirma que la estabilidad y la
resistencia emocional del niño lo preparan para enfrentarse con situaciones de
tensión, para enfrentar la vida fuera del hogar y contribuyen a la mejora de
sus capacidades para aprender. La estabilidad emocional favorece mucho los
procesos de atención, aprendizaje y memoria.
Es imprescindible crear en los niños valores suficientemente estables, consistentes y prioritarios que faciliten el aprendizaje y estimulen la adquisición de nuevos conocimientos; ello permitirá una mejor integración de las emociones y la toma de decisiones acertadas durante la jornada escolar.
Al equilibrio emocional contribuyen, de forma decisiva, las relaciones de afecto que se establecen entre padres e hijos, afecto que se ha de demostrar de un modo claro a través de expresiones de todos los días, de gestos y de comportamientos evidentes.
El cerebro infantil necesita del abrazo para su desarrollo. La primera tarea educadora de los padres sigue siendo, pues, querer y manifestar su cariño a sus hijos, transmitirles la seguridad que les va a permitir afrontar sus vidas.
Las interacciones verbales entre padres e hijos son difícilmente separables de los vínculos emocionales y afectivos. Tan importante como hablar a los niños es escucharles, y estimularlos para que expresen sus puntos de vista, sus intereses y necesidades. Pero el papel del lenguaje no sólo es esencial en las relaciones familiares del niño, en la transmisión de valores y el enriquecimiento ambiental, sino que constituye, además, la base imprescindible de un buen aprendizaje escolar. Por tal motivo, el refuerzo del triángulo emociones-afectos, valores y lenguaje se convierte en una práctica efectiva para facilitar en los niños su caminar hacia la excelencia.
Es imprescindible crear en los niños valores suficientemente estables, consistentes y prioritarios que faciliten el aprendizaje y estimulen la adquisición de nuevos conocimientos; ello permitirá una mejor integración de las emociones y la toma de decisiones acertadas durante la jornada escolar.
Al equilibrio emocional contribuyen, de forma decisiva, las relaciones de afecto que se establecen entre padres e hijos, afecto que se ha de demostrar de un modo claro a través de expresiones de todos los días, de gestos y de comportamientos evidentes.
El cerebro infantil necesita del abrazo para su desarrollo. La primera tarea educadora de los padres sigue siendo, pues, querer y manifestar su cariño a sus hijos, transmitirles la seguridad que les va a permitir afrontar sus vidas.
Las interacciones verbales entre padres e hijos son difícilmente separables de los vínculos emocionales y afectivos. Tan importante como hablar a los niños es escucharles, y estimularlos para que expresen sus puntos de vista, sus intereses y necesidades. Pero el papel del lenguaje no sólo es esencial en las relaciones familiares del niño, en la transmisión de valores y el enriquecimiento ambiental, sino que constituye, además, la base imprescindible de un buen aprendizaje escolar. Por tal motivo, el refuerzo del triángulo emociones-afectos, valores y lenguaje se convierte en una práctica efectiva para facilitar en los niños su caminar hacia la excelencia.
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